ALGUNOS DATOS ANATÓMICOS DE INTERÉS

ALGUNOS DATOS ANATÓMICOS DE INTERÉS
Aspecto externo
El tamaño y la forma de la mama son
muy variables. Dependen del contenido en
tejido graso y conectivo, por lo que hay
poca relación entre el tamaño de las mamas
y la capacidad para producir leche. Se ha
comunicado que las mujeres obesas tienen
riesgo de retraso en la lactogénesis II, y que
algunas con poca grasa corporal pueden
fabricar leche con menor contenido lipídico,
que compensan produciendo un volumen
superior, por lo que el aporte calórico
final no se afecta.
El pezón
Juega un papel importante durante los
primeros días. Facilita el acoplamiento de
la boca del niño con la mama, hace de
esfínter de los conductos glandulares y es
el origen de estímulos sensoriales que activan
secreciones hormonales.
Está formado por tejido muscular liso,
numerosas anastomosis arteriovenosas y
gran cantidad de terminaciones nerviosas
sensitivas y motoras. Lo atraviesan las porciones
distales de los conductos galactóforos
y está cubierto por una piel gruesa y
rugosa. El estímulo del pezón provoca contracción
muscular y éstasis venoso; los
pezones se vuelven más pequeños, firmes
y prominentes.
Fuera de la succión, el tejido muscular
del pezón ejerce de esfínter para evitar el
goteo continuo de leche. Durante la succión,
aproxima los conductos galactóforos
entre sí y acorta su longitud por delante del
seno galactóforo, con objeto de que resulten
mas fáciles de vaciar al ser exprimidos
por la lengua. La compleja disposición
de las fibras musculares formando anillos
y haces tangenciales desde el pezón hasta
la aréola es específica para esta misión.
Hay grandes diferencias en la forma
y tamaño de los pezones de las mujeres, así
como en la piel que los cubre. Algunos
plantean dificultades para iniciar la lactancia,
pero si las madres son advertidas
durante el embarazo, afrontan mejor el
problema tras el parto.
El pezón más favorable a la lactancia,
y el más frecuente, es blando en reposo y
tiene poco más de un centímetro de altura
y de anchura. Es bastante frecuente que el
pezón resulte poco prominente, dando la
sensación de pezón plano, pero que tome
forma y sobresalga fácilmente al ser estimulado.
El verdadero pezón plano es
menos frecuente. Al estimularlo con los
dedos aumenta su consistencia pero apenas
sobresale respecto a la aréola. Exige
más dedicación para conseguir que el niño
acople bien su boca, pero tras unos días de
succión toma forma y apenas dificulta la
lactancia. En menos ocasiones, al estimular
el pezón, este penetra hacia el interior
de la mama en vez de sobresalir, es el pezón
invertido y exige aún más paciencia durante
los primeros días, pero tampoco representa
un obstáculo insalvable. Alguna
madre ha sido capaz de lactar a pesar de
habérsele extirpado el pezón.
Los pezones muy anchos o muy largos
pueden ser difíciles de introducir si la boca
del niño es pequeña, y también pueden causar
problemas los que resultan muy duros
por tener mucho tejido muscular.
Cuando se inicia la succión, el dolor de
los pezones es un problema frecuente. A
partir de la pubertad la sensibilidad del
pezón guarda relación con el nivel de estrógenos.
Durante el embarazo es poco sensible
al tacto y al dolor, debido a los altos
niveles de estrógenos. En las 24 horas
siguientes al parto la sensibilidad aumenta
llamativamente, aunque la mujer no
amamante, para activar el mecanismo de
liberación de oxitocina y prolactina. El tratamiento
con estrógenos disminuye la sensibilidad
y frena la liberación de estas hormonas.
Aparte del nivel de estrógenos, el dolor
de las primeras tetadas se ha relacionado
con la succión en vacío de los conductos
galactóforos, la congestión vascular de la
zona y la compresión brusca de un pezón
en erección. Muchas madres encuentran alivio
“ablandando” los pezones con sus dedos
unos minutos antes de la toma, ordeñando
un poco de leche para descomprimir, o alternando
calor y frío local antes de la toma.
Estas molestias ceden en pocos días.
La aréola
Es la porción de piel que rodea al
pezón. Es de color oscuro, como el pezón
y se oscurece más durante el embarazo. Tiene
gran cantidad de células sudoríparas y
sebáceas pero no tiene pelo. Las glándulas
sebáceas de la aréola son voluminosas,
resaltan como pequeños granos en la superficie
y segregan una sustancia que lubrica
y protege la piel del pezón y la aréola
durante la lactancia. Se les llama tubérculos
de Montgomery o de Morgani. No es
infrecuente que un conducto galactóforo
atraviese una glándula sebácea desembocando
en un conducto común para ambas,
haciéndose muy prominente bajo la piel.
Las mujeres con hipertricosis suelen tener
pelo alrededor de la aérola, que no interfiere
con la lactancia pero puede provocar
vergüenza. No hay inconveniente en depilarlo
antes del parto, si la madre se encuentra
más cómoda.
Interior de la mama
El tejido glandular de la mama está formado
por gran número de alvéolos, en los
que se elabora la leche y un sistema de conductos,
que la conduce hacia el exterior.
Los conductos son inicialmente de pequeño
calibre –conductos terminales, 0,2 mm–,
y van confluyendo en otros cada vez más
gruesos –subsegmentarios, segmentarios y
colectores–. A la altura de la aréola los conductos
alcanzan su mayor calibre, entre 2
y 4 mm –conductos galactóforos. Antes de
atravesar el pezón se dilatan aún más formando
los senos galactóforos, y luego se
hacen más estrechos hasta salir al exterior
por orificios de alrededor de 0,5 mm, en
número de 8 a 12. A lo largo de todos los
conductos hay fibras musculares mioepiteliales
que provocan acortamiento y estiramiento
durante la succión para favorecer
la progresión de la leche hacia el pezón.
Los alvéolos y conductos que drenan
a un mismo conducto galactóforo forman
un lóbulo. En cada mama se estima que
hay entre 15 y 25 lóbulos, aunque en el
trayecto a través del pezón varios conductos
confluyen en los 8-12 que finalmente
se abren al exterior.
La disposición anatómica de las ramificaciones
de los conductos (ángulo de la
bifurcación), la presión de alvéolos adyacentes
o de reacciones inflamatorias locales
puede influir en que algunos segmentos
de la mama tengan más dificultades
para vaciarse y puedan provocar en algunas
madres cuadros de retención de leche
recurrentes, o incluso mastitis de repetición.
El aumento de presión intraalveolar
de los segmentos bloqueados termina por
inducir la involución de esas zonas, resolviendo
el problema.
Desde las primeras semanas del embarazo
la mama se prepara para lactar. El
aumento de tamaño durante el embarazo
depende sobre todo de crecimiento del
árbol de conductos. La porción distal de
cada conducto crece y se ramifica, desplazando
al tejido adiposo. El ritmo de
ramificación va disminuyendo según avanza
el embarazo, al tiempo que los fondos
de saco de cada conductillo se diferencian
en alvéolos, modificando el epitelio típico
de los conductos por el epitelio secretor.
El extremo final de los conductos se
organiza en unidades lobulillares, formadas
por un ramillete de alvéolos que vacían
su producción en un conducto terminal.
Rodeando estas unidades hay una
importante red capilar, con abundantes
células plasmáticas que aportarán a la
leche inmunoglobulinas.
A partir del 5º-6º mes el aumento de
tamaño depende del inicio de función de
las células alveolares y del acúmulo de
secreción en los alvéolos y conductos. La
mama está preparada para fabricar leche
y de hecho se pueden detectar pequeñas
cantidades de lactosa y alfa, lactoalbúmina
en sangre y orina. A esta etapa se la
denomina lactogénesis I.