ANATOMÍA DE LA SUCCIÓN
Independientemente de la forma y
tamaño de la mama o del pezón, lo realmente
importante es que se produzca el
acoplamiento correcto con la boca del niño
para que la succión resulte efectiva.
El término succión es confuso, porque
hace pensar que la leche se obtiene sólo
por aspiración, mientras que en realidad
se necesitan además otros dos mecanismos:
la expresión de los alvéolos por la
musculatura que los envuelve, y el ordeño
que realiza la lengua del niño. Al tratarse
de fibras lisas, la contracción muscular
es involuntaria; depende de la liberación
de oxitocina y es imprescindible
para crear un gradiente de presión que
empuje la leche hacia los conductos más
distales. En cuanto al ordeño, es importante
que una buena porción de la mama
entre dentro de la boca. La lengua presiona
la mama contra el paladar al tiempo
que hace un movimiento de adelante
hacia atrás con la punta de la lengua. Este
movimiento de expresión complementado
con otro de aspiración consiguen vaciar
la leche de los senos y conductos galactóforos,
disminuyendo la presión en la parte
final del sistema y favoreciendo el avance
de la leche desde los alvéolos hacia el
pezón.
Si el niño introduce solamente el pezón
en la boca, no podrá ordeñar con su lengua
los senos lactíferos, y la succión perderá
eficacia porque aprovechará sólo la
aspiración. Este es el motivo de que los
pezones muy grandes puedan resultar más
problemáticos que los planos.
Puesto que el mayor trabajo lo realizan
la lengua y la mandíbula, la boca de un lactante
que succiona bien parecerá estar colocada
de forma asimétrica respecto a la aréola
de la madre, es decir, habrá una mayor
porción de aréola visible por encima del
labio superior que por debajo del inferior.
También es importante la posición de
la cabeza del niño respecto al pecho. Si el
niño se ve forzado a rotar su cabeza hacia
el pecho, no podrá llevar a cabo una succión
correcta, verá dificultada la deglución
y estirará del pezón de la madre provocando
la aparición de grietas. Lo mismo
ocurrirá si ha de flexionar o extender la
cabeza en exceso.
Un error frecuente es empujar la cabeza
del niño desde atrás, para forzarle a que
se aproxime al pecho. Generalmente el niño
responde estirando el cuello hacia atrás, y
alejándose del pecho. Empujar la mejilla
del niño con la misma intención también
puede provocar el giro de la cabeza del
niño hacia el dedo que empuja, lo contrario
de lo que se pretende.










