REGULACIÓN DE LA SÍNTESIS

REGULACIÓN DE LA SÍNTESIS,
SECRECIÓN Y EXPULSIÓN DE LECHE
La leche es secretada de forma continua
a la luz alveolar, donde se almacena
entre las tomas hasta la siguiente succión.
La cantidad de leche que pasa al niño
depende, por un lado, de la rapidez de la
síntesis y secreción y por otro, de la eficacia
en el vaciado.
Se han diferenciado dos tipos de mecanismos
de regulación: centrales y locales.
La mayoría de los mecanismos centrales
tienen efecto positivo sobre la producción,
y tendrían como objetivo conseguir la
mejor diferenciación y funcionamiento de
la glándula. Al contrario, entre los mecanismos
locales predomina el efecto negativo
o de inhibición, y serían los encargados
de ajustar la producción de leche a la
demanda específica de cada niño.
Regulación central de la producción de
leche
Depende básicamente de la actuación
de hormonas: prolactina, oxitocina, hormonas
tiroideas, hormona de crecimiento,
insulina y suprarrenales.
Prolactina (PRL)
La PRL es la hormona más importante
de la lactancia, tanto durante el desarrollo de
la glándula en los primeros meses del embarazo
como durante la lactogénesis. Sin embargo
todavía plantea serios interrogantes a los
que no se ha dado solución definitiva.
Se piensa que la ramificación del árbol
de conductos galactóforos depende de los
estrógenos y el desarrollo de lobulillos de
la progesterona. Correspondería a la PRL
lograr la diferenciación funcional de las
células alveolares. Durante el embarazo,
las elevadas cantidades de progesterona y
de lactógeno placentario bloquean la acción
de la PRL sobre la mama, impidiendo la
producción abundante de leche. PRL y lactógeno
placentario utilizan los mismos
receptores en las células mamarias, pero el
lactógeno tiene más afinidad hacia ellos
y los ocupa en primer lugar.
Unas horas después del parto desaparece
el lactógeno placentario, y en unos
días disminuye la concentración de progesterona,
permitiendo que la PRL se fije
a los receptores de la mama. La desaparición
transitoria de la progesterona y el inicio
de la actividad secretora hacen que las
células pierdan los receptores específicos
para la progesterona. Esto explica que una
vez iniciada la producción abundante de
leche, la progesterona no sea capaz de inhibir
la acción de la PRL.
La secreción basal de PRL tiene un ritmo
circadiano con incremento nocturno
que depende del sueño y no de la hora del
día. A esta secreción basal se añade otra
liberación en forma de pulsos, variables en
número y duración a lo largo del día. El
ritmo circadiano se mantiene durante la
lactancia, por lo que los niveles más altos
se consiguen por la noche, a pesar de que
haya más número de tomas diurnas.
La concentración de PRL aumenta progresivamente
durante el embarazo, estimulada
por los elevados niveles de esteroides
sexuales. Hay una breve caída de
los niveles unas horas antes del parto y se
incrementa de nuevo a las 3-4 horas del
nacimiento, en cuanto comienza la succión
del pezón. Después del parto, si la madre
no lacta, las cifras basales disminuyen a los
valores previos al embarazo en 2-3 semanas.
En las madres lactantes los niveles de
PRL van disminuyendo lentamente, pero
aún a los 6 meses postparto continúan siendo
superiores a los niveles previos al embarazo
y aumentan al doble con la succión.
A diferencia de lo que ocurre con la
oxitocina, los estímulos sonoros visuales
o emotivos, previos a la succión, no provocan
liberación de PRL. Tras el parto, el
estímulo más efectivo para la liberación de
PRL es la succión o la estimulación táctil
del pezón. En algunas mujeres este estímulo
sólo es eficaz durante la lactancia. La
succión simultánea de los dos pezones y el
aumento de intensidad de la succión pueden
duplicar la liberación de PRL. También
se ha comprobado que la succión frecuente
del pezón agota la respuesta, consiguiendo
liberaciones más bajas si el intervalo
entre los episodios de succión es inferior a 2 horas. Esto ha planteado la duda
de si se debería recomendar no dar el pecho
en intervalos inferiores a dos horas con
objeto de conseguir mayor liberación de
PRL. Sin embargo, a pesar del importante
papel de la PRL en el funcionamiento de
la mama, y de la asociación entre niveles
elevados de PRL y duración de la lactancia,
no se ha podido demostrar que exista
relación entre los niveles de PRL liberada
y la cantidad de leche fabricada.
Al contrario de lo que ocurre con la
oxitocina, el estrés eleva la respuesta de la
PRL.
Parte de la PRL aparece en la leche y
es ingerida por el niño, sobre todo en la
primera semana de vida. Se desconoce el
significado de este hecho, pero se especula
con la posibilidad de que tenga un papel
en la absorción de líquidos e iones en el
yeyuno del neonato.
Cada día se concede más importancia
a los receptores celulares, imprescindibles
para que las hormonas lleven a cabo su
papel estimulador. Falta mucho por conocer
sobre la aparición y desaparición de
receptores específicos para cada hormona,
pero podrían explicar situaciones de funcionamiento
deficiente a pesar de buenos
niveles hormonales.